Espacio Metatrón
Técnicas y Terapias Alternativas
Sistemas Bioquantum Por Martín Peña
En este espacio comparto con mucho amor, para toda la humanidad, abiertamente y sin compromisos con nadie, una de las formas de sanación cósmica que aprendí hace mucho tiempo, siempre asesorado atinadamente por mis amigos extraterrestres. Quiero hacer mención que estas técnicas las he venido aplicando en un sinnúmero de personas que así lo solicitan día con día y, puedo asegurarles, que su eficacia realmente sorprende a propios y extraños.

Me da un gusto enorme por tener la oportunidad de mostrar al mundo estas maravillosas técnicas en las que, sencillamente, el sanador se convierte tanto en receptor como transmisor de la luz y armonía que vienen desde el universo, y la manera en que se deben utilizar para beneficio de todos los enfermos.

Bioquantum es el nombre que le di personalmente al sistema de curación extraterrestre aquí en la Tierra. Se compone de las palabras: bio-quantum, las cuales quieren decir: vida-energía. En otros términos, es la rehabilitación, armonización, regeneración o sanación de todo organismo vivo a través de la energía cuánticay del electrum.

Cuando hablo del quantum, me estoy refiriendo a un tipo de energía curativa muy especial que se aplica en las dimensiones superiores por parte de nuestros amigos cósmicos, y que, afortunadamente, ellos están totalmente abiertos para enseñar los métodos a todo aquel que así lo solicite. No se necesita ser una persona especial, ni que posea ciertos dones o capacidades extrasensoriales como clarividencia, telepatía, etc., para poder aprender y llegar a aplicar las técnicas bioquantum en todo enfermo que lo requiera.

Los únicos requisitos que deben llenar quienes soliciten adentrarse en el infinito mundo de la medicina alternativa extraterrestre son: tener un gran corazón y mente clara para aprender, y así poder ayudar a mitigar el dolor que padecen nuestros hermanos, en muchas partes del mundo.

Es importante que por lo menos una ó dos personas dentro de un grupo de estudiantes sí “vea” u “oiga”, para que puedan narrar a los que aún no despiertan esas habilidades, todo lo que esté sucediendo con el paciente durante el proceso de sanación que estén llevando a cabo los médicos cósmicos. Pero, lo mejor sería que todos y cada uno de los interesados en desarrollarse dentro de las técnicas de curación, pudiera constatar por sus propios medios la intervención de los seres extraterrestres, por ejemplo, teniendo activa la capacidad de ver las dimensiones superiores; o estableciendo una comunicación auditiva con su maestro, y, cual si fuera éste un apuntador, pudiera escuchar el estudiante lo que está sucediendo a través del relato de su guía. Lo menos que se le pediría al aprendiz de sanador, sería sentir, eso es, palpar las presencias de energía tanto positivas como negativas que existen siempre en el ambiente que rodea a todo proceso de curación.

Cualquier ser humano empieza a sentir los estragos propios de la desarmonía cuando se rompe el nivel vibratorio que le corresponde, dentro de un estado de salud y bienestar. Desde el momento de nacer, por ejemplo --por todos es sabido--, y muchas veces antes del alumbramiento mismo, se encuentra expuesto el individuo a diversas clases de enfermedades y hasta la muerte.

Pero lo que quizás desconozca el hombre común, es que cuando el ser humano nace, no viene desprotegido; es más, viene bastante bien protegido, pues alrededor del recién nacido existe un campo energético muy potente que es el que le dará sustento tanto al físico, como al resto de los cuerpos que integran, espiritualmente hablando, a todo ser vivo.

Así, crecemos, y durante toda nuestra existencia llevamos siempre consigo aquel hermoso resplandor, aquella cálida energía que nos mantiene vivos y canalizando todas las vibraciones que vienen del espacio infinito, pues éstas, entran primero a través de nuestro cuerpo, para después ser absorbidas por el planeta que pisamos.

Lo que llama mucho la atención a nuestros amigos del cosmos es que, en alguna etapa de nuestra existencia, ya sea consciente o inconscientemente, somos nosotros mismos quienes rompemos, la mayoría de las veces, con la estabilidad que nos proporciona el campo energético que rodea nuestro cuerpo físico, sobreviniendo por tanto, la desarmonía o enfermedad.

Ese cinturón de energía, ovoide en su forma, y que puede proyectarse más allá de un metro de radio de nuestro cuerpo, y muy a pesar de lo potente que éste sea, se encuentra expuesto siempre al bombardeo de energías negativas que recibimos, en gran parte, provenientes de nuestros semejantes, ya sea por un chisme, una crítica hiriente, una envidia o un falso, provocándonos enseguida malestar anímico algunas veces, en otras ocasiones, dicha energía negativa puede causarnos un agudo dolor físico y otras, no pocas veces, hasta la muerte.

A la energía podemos darle dos direcciones distintas; por ejemplo, con ayuda del verbo crearíamos alrededor de un enfermo una atmósfera de bienestar si le dijéramos a éste que se ve muy bien y que pronto se restablecerá; por el contrario, si en vez de tener buenos deseos para con él, le transmitimos hasta con ironía que se ve muy mal y que pensamos que pronto se va a morir, aquél recibe lo dicho cual si fuera una inyección de letal veneno minando inmediatamente su salud y, en el peor de los casos, hasta podría dejar de existir, puesto que se han lastimado muy hondo sus sentimientos; que nos sirva esta enseñanza para que, a partir de ahora, sopesemos nuestras palabras y no andemos por ahí hablando más de la cuenta. Reservémonos nuestros comentarios para con los demás y respetemos la forma de ser de cada uno de nuestros congéneres.

Es preciso recordar al lector algo que hace varios años me dijeron unos amigos extraterrestres respecto al daño que está sufriendo día a día la capa del ozono de nuestro planeta; ellos aseguran que no sólo la contaminación ambiental generada por la población es la culpable del deterioro de nuestra atmósfera, sino que, muy lamentable resulta también el uso equivocado que damos a nuestro verbo y a los pensamientos negativos que creamos en todo momento. Tanto el uso inadecuado de la mente, así como la exagerada cantidad de palabras obscenas que se profieren todos los días, son las principales causas de los agujeros en la capa de ozono.

Bien sabe todo el mundo que cuando aquella capa protectora del planeta se fisura, precisamente por esos espacios que se abren, pasan sin filtrar los rayos ultravioleta provenientes de la radiación que emite el sol y, si se expone uno demasiado a esos rayos se quema la piel, provocando el temible cáncer y otros daños en el cuerpo físico que suelen ser irreversibles.

Los seres humanos que habitamos la Tierra somos muy semejantes al planeta mismo, pues ambos poseemos un campo de energía muy similar que nos protege de algunos agentes nocivos y nos da sustento a la vez. Mientras que la atmósfera del planeta es la encargada de convertir la energía que recibe de parte del sol en luz, calor y sonido, nosotros, por nuestra parte, somos de igual manera receptores primero, luego transformamos lo que recibimos y, por último, transmitimos a los que nos rodean, así como al planeta, todo aquello que transformamos; el único inconveniente es que, de acuerdo a la forma de ser de cada individuo, así será la calidad de las emociones o energía que se propaguen tanto al mundo como a los demás.

Ya decía hace unos momentos, que en alguna etapa de su vida el hombre mismo puede llegar a romper su propia armonía, sin darse cuenta muchas de las veces, dañando así el campo de vibración que le protege. Si esto llegara a suceder, sería tanto como pinchar de adentro hacia afuera el “globo” inflado de energía positiva que rodea y cuida su cuerpo. La consecuencia que acarrea pinchar el cinturón protector, por supuesto, es la inmediata fisura o agrietamiento del campo de energía... una vez que se abre la grieta, por allí mismo ingresan hasta la capa fracturada correspondiente, si no es que hasta el cuerpo físico, un sinnúmero de larvas energéticas negativas, las cuales quedan depositadas al interior de la atmósfera humana, y empiezan éstas a formar parte activa de los procesos psicológicos de aquél, con el cual cohabitan.

Las larvas energéticas negativas son como un virus aeróbico; éstas pululan por millones en el medio ambiente, y casi todos, en alguna ocasión, hemos tenido la oportunidad de percibir esas energías. Por ejemplo, cuando caminamos junto a la puerta de una cantina, entramos a un antro de vicio o estamos frente a una persona densa, cargada de vibraciones negativas, se siente inmediatamente el golpe o repulsión.

Aquellos huevecillos o larvas que se alojan en el campo vibracional de la persona, incuban, eso es, se desarrollan a partir del alimento y del medio ambiente adecuado que le proporciona su ahora casero. Esas entidades son como las plagas o parásitos que viven a expensas de plantas o animales, sólo que esta vez me estoy refiriendo a cierto tipo de plaga más dañino y que afecta directamente al ser humano. Al principio, antes del desarrollo total de las larvas, cuando éstas se empiezan a adherir al cuerpo de las personas, parecen unas insignificantes manchitas, pero, con el paso del tiempo, el individuo, más que humano, semeja un tigre, por tantas manchas a su alrededor.

Y si pasa el tiempo, y la persona vive dentro de un mundo de negatividad, seguirá alimentando día con día las larvas que forman parte ya de su propia personalidad, sin descartar que a cada momento puede seguir recibiendo huevecillos o algún otro tipo de entidades negativas más desarrolladas a manera de intercambio, según los lugares que frecuente, o que provengan éstas de algún integrante del círculo de amistades con los que se relacione cotidianamente y que esté muy cargado de esas entidades energéticas negativas.

Cuando dejan de ser simples huevecillos o larvas, por el tipo de alimento que recibieron, y de acuerdo al tiempo que llevaron alojados al interior de un ser humano, se convierten en lo que nuestros amigos extraterrestres describen como seres sutiles. Los seres sutiles son entidades energéticas con cargas demasiado negativas, y que habitan tanto en el campo magnético de las personas así como en su cuerpo físico. Los seres sutiles dan la impresión de ser changos o serpientes, que brincan, o reptan, tanto en el tronco como por las ramas del árbol donde tienen su guarida; y el árbol, no es otra cosa que el cuerpo del ser humano, incluyendo su mente y voluntad.

Cuando algún ser sutil vive dentro del campo energético de la persona, éste tiene que alimentarse para su desarrollo y fortaleza, obvio; entonces, ellos provocan estados emocionales negativos, desquician mental y físicamente a su dueño para que, con aquellas violentas explosiones de ira, preocupaciones o tristezas, libere el ser humano la apetitosa comida que los indeseables huéspedes, por supuesto, aprovechan al máximo.

A cualquier hora se puede detectar a los seres sutiles succionando la energía vital de los órganos dañados de los pacientes enfermos. En verdad no existen las palabras suficientes para poder expresar las dantescas escenas que protagonizan esas entidades energéticas negativas cuando están alimentándose con la poca energía que queda de nuestros hermanos desarmonizados...

¿Has visto alguna vez a los buitres en pleno festín comiendo la carroña de un animal muerto en completo estado de putrefacción? Pues ese es un pequeño bosquejo de lo que los seres sutiles hacen con su presa: los humanos que bajan su vibración. Bajar la vibración, en el argot de la medicina alternativa de los sistemas bioquantum, es cuando las personas se encuentran en un estado depresivo, de estrés, preocupados por alguna situación, tristes, malhumorados, terriblemente iracundos, teniendo malos pensamientos, llenos de lujuria incontrolable, irascibles, en plena chismografía, etc. En esos precisos momentos, en que las personas se encuentran fuera de sí, descontroladas, como un barco al garete en alta mar, sin timón ni capitán que lo gobierne, se abren las puertas de par en par y aprovechan para ingresar al campo vibracional del humano los seres sutiles en grandes cantidades.

Cuando un individuo cae en esos estados de descontrol, es semejante a un imán que atrae todo metal que encuentra a su lado, y las larvas energéticas negativas son como pequeñas rebabas que vuelan para adherirse firmemente a dicho imán, o sea, a quien le abre las puertas y da posada. Ni por asomo se da cuenta jamás aquel desventurado títere, que a su casa está metiendo una retahíla de ladrones hambrientos, pendencieros y gritones con la clara intención de robar, energéticamente hablando, a su anfitrión.

¿Por qué creen ustedes que cuando un enfermo acude al doctor, y éste al inspeccionar a su paciente determina que no tiene “nada”? Por una simple razón: al hacer la auscultación, los seres sutiles que estaban provocando aquellos intensos dolores en algún órgano interno se mueven de lugar, se retiran un poco y aguardan expectantes para, después de un tiempo, regresar y seguir succionando la energía vital de aquel pobre enfermo. De todos modos, el galeno debe recetar algún calmante, dar un tratamiento a base de antibióticos, o cualquier otra droga para ver si el enfermo mejora; lo malo es que, quienes realmente estuvieron provocando los dolores en el paciente, y que seguirán haciéndolo a futuro, por supuesto, son los seres sutiles que, para alimentarse volverán para extraer energía en un momento dado.

Recuerdo la ocasión en que recibimos, para su rehabilitación, a un adicto al consumo de cocaína; desde el instante mismo en que éste cruzó la puerta del consultorio, su acompañante, o sea, un ser sutil parecido a un feo duende que traía el enfermo sobre su hombro izquierdo nos lanzaba improperios y nos decía que con él no íbamos a tener siquiera la mínima oportunidad de alejarlo de su amigo. A leguas se veía que el ser sutil era el dueño de la situación... mientras estaba sentado en el hombro de aquel desdichado individuo, carente de fuerza de voluntad, el enanito cruzaba su deforme piecito sobre la otra extremidad y no dejaba de fumar un cigarrillo, eso sí, muy acorde a su diminuta estampa.

Antes de su curación, el enfermo tenía algunos momentos de lucidez, en los cuales recapacitaba acerca de su situación, y se arrepentía, solicitando ayuda profesional. Su madre siempre le hablaba y le suplicaba que se retirara del círculo de amistades con quienes se reunía, pues creía la dulce señora que aquellos eran los causantes de inducir a su hijo a andar en malos pasos así como a fumar marihuana y consumir cocaína toda vez que podían.

Investigamos a fondo aquel curioso caso, y descubrimos con asombro que cuando aquel sujeto de derecho no tenía dinero para seguir drogándose, el ser sutil le gritaba al oído, ordenándole que robara a su propia madre, o se metiera a cualquier casa habitación de madrugada a hurtar objetos de valor que enseguida vendía para obtener dinero y poder saciar su necesidad de droga. En realidad el verdadero vicioso era el enano tragaldabas y no tanto el muchacho de escasos 22 años de edad.

Reflexionando un poco, el relato anterior nos hace muchas veces recordar los momentos en que el jurado determina la culpabilidad de un acusado, y el juez dicta la terrible sentencia. Con dolor he llegado a descubrir que, en no pocas ocasiones, hasta el criminal más abyecto, puede ser inocente de lo que se le acusa. Ciertamente él pudo haber accionado el arma homicida, violado, estafado, o lo que haya hecho, pero, más bien fueron los seres sutiles que habitan en su interior quienes hastiados de “siempre lo mismo” se pusieron de acuerdo, se confabularon y decidieron darse un gran banquete; o sea, terminaron induciendo éstos al ser humano en el que viven para que cometiera el crimen más aberrante, pues para los seres sutiles, hacer al humano delinquir les da como resultado un precioso alimento tanto en calidad como cantidad.

También quiero compartir otro caso que llamó poderosamente mi atención. Resulta que, un buen día se nos pidió revisáramos a una bebé de seis meses de nacida, pues a esa edad la niña no oía, no había abierto los ojos aún y tenía problemas para tomar el alimento vía oral. El problema que esta criatura tenía, es que, pegado a su cara traía un tipo de insecto alado y patón, parecido a un escarabajo y chapulín al mismo tiempo; dos de sus seis extremidades, o sea, las delanteras cruzaban física y etéricamente sus pequeñas orejas y atrofiaban varios componentes internos del órgano auditivo de la menor, las otras dos patas, las de en medio, se encontraban incrustadas en sus globos oculares y, por último, las traseras, lastimaban la garganta y boca del angelito, pues aquel repugnante animal las movía continuamente como queriendo trepar.

Obviamente, al transmutar en su totalidad aquel horrible ser sutil, nuestra amiguita enferma recobró su salud, siendo que ya habían recurrido a un buen número de pediatras para que la curaran y no pudieron hacer nada al respecto. Ustedes se preguntarán, ¿cómo es posible que un bebé pueda traer un ser sutil pegado a su cuerpo? Pues bien, al investigar este caso, nos dimos cuenta que fue la propia madre quien heredó a su vástago, en el momento mismo del alumbramiento, uno de los muchos seres sutiles que traía brincando por todo su cuerpo así como en su campo de vibración. Una verdadera colonia de entidades era lo que cargaba la mamá de la niña, pues la infeliz dama se dedicaba desde hacía varios años al oficio de la prostitución.

No necesariamente tienen que ser las féminas de la vida galante las únicas en dar alojamiento a los seres sutiles, pues hemos podido constatar con tristeza que, tanto en hombres como mujeres, aparentemente normales, o de sociedad, también existen muchas entidades energéticas negativas haciendo de las suyas.

Retirar a los seres sutiles de nuestros hermanos enfermos es parte de los pasos que debemos seguir al aplicar las técnicas que nos enseñan nuestros amigos extraterrestres.

Lo primero que todo buen bioenergista debe desarrollar es fe en sí mismo, para poder transmitir la luz de la sanación en todos sus pacientes. Una vez que está plenamente seguro de lo que tiene que hacer, no tiene por qué vacilar, cuestionándose si puede ayudar o no al necesitado.

Además, desde un principio, cuenta siempre el sanador con la asesoría de los maestros cósmicos, los cuales sólo están a la espera de que el alumno se inicie voluntariamente en esta profesión para irle entregando, poco a poco, todo lo necesario dentro del gran abanico que representan los sistemas bioquantum como medicina alternativa y que se puedan llegar a realizar hermosas curaciones en los enfermos.

El porcentaje de efectividad de este tipo de medicina, es muy alto, pues no debemos olvidar que, son precisamente los doctores del cosmos quienes, sin margen alguno de error aplican los sistemas de curación en los niveles etéricos a los humanos.

Los individuos que se inician en este campo, irán despertando paulatinamente todas las habilidades que su ser interior posee, y descubrirán, no sin asombro, en algún momento de su desarrollo como sanador, ciertas técnicas de curación que le son muy afines a su persona. Lo anterior viene a dar fe del origen cósmico que todo espíritu encarnado en la Tierra tiene; en otras palabras, miles de seres humanos, no son del todo personas de esta generación, pues éstos nos visitan de otras latitudes y tiempos con la clara misión de colaborar.

Los pasos a seguir en una verdadera sanación, cuando se cuenta con la colaboración cósmica, básicamente son los siguientes:

  1. Obtener los datos del paciente, así como toda la información posible sobre la enfermedad que le aqueja, y asentarlos en un expediente o ficha clínica.
  2. Recostar al enfermo en una camilla de exploración, pidiéndole que ponga atención a cualquier sensación de calor en su cuerpo así como la posible visualización de formas y colores en su mente durante el proceso, ya que éste debe permanecer con los ojos cerrados, evitando así cualquier tipo de distracción. Para que la persona entre a un estado adecuado de relajación, se le invita a realizar cuando menos tres respiraciones profundas, inhalando por la nariz y exhalando por la boca. Se recomienda además, que se le coloquen audífonos para que escuche música acorde al momento.
  3. El sanador, conectado con su ser interior profundo, solicita la presencia, tanto de su guía personal, así como de los maestros cósmicos que se encargarán de llevar a cabo las cirugías etéricas en el paciente... tal como vayan haciendo acto de presencia aquellos, se le va dando la bienvenida.
  4. Se saluda, y se pide permiso al espíritu del paciente, el cual siempre estará presente, para verificar todo lo que se haga con su “traje” o cuerpo físico; se saluda también al guía o maestro de la persona que se va a curar, ya que nunca, éste, deja de estar presente tampoco, por tratarse de la salud de su protegido.
  5. Con la palma de las manos, se procede a percibir las desarmonías o presencia de seres sutiles, desde la cabeza hasta los pies del paciente, sin tocar su cuerpo físico. La manipulación y transmutación de las energías negativas encontradas en el enfermo deben ser tratadas con infinito amor; convenciéndolas que el lugar que estaban ocupando no les corresponde, y ayudándolas a encontrar la luz del cosmos, se les dispersa y aleja. Las posibles fracturas que dejen los seres sutiles al transmutarlos, deben ser restauradas por medio de energía que se toma con las dos manos, poco más arriba, y frente a nuestra cabeza, pues se abren ciertos canales de energía provenientes del cosmos, mismos que bañan el lugar con brillantes chorros energéticos que los componen millones de esferitas multicolores.
  6. Una vez liberado de toda energía nociva, utilizando ambas manos -como los brazos de un montacargas-, se procede a elevar lentamente el cuerpo etérico del enfermo para entregarlo a los médicos de las dimensiones superiores. éstos lo reciben y conducen a sus salas de operaciones, donde aquél es conectado rápidamente a diversos aparatos muy sofisticados que poseen; el sanador, por su parte, colocará y ajustará, al mismo tiempo que los médicos, las conexiones que se hagan: un casco energético va en la cabeza, electrodos unidos con cables se le adhieren a cada uno de sus hombros, codos, muñecas, rodillas y tobillos, así como unas botas energéticas se le introducen suavemente en sus pies... Cada uno de los integrantes del quirófano, dentro del hospital cósmico, o al interior de una de sus magníficas naves acondicionadas para tal efecto, se entrega laboriosamente y a una vertiginosa velocidad a reparar las averías que encuentren en todos y cada uno de los órganos del paciente. Otras veces no sólo limpian y corrigen los sistemas dañados de la persona enferma, sino que, nuestros benditos amigos cósmicos, son capaces también de cambiar las partes que detectan con serios problemas de regeneración molecular, por otras totalmente nuevas, pues para ello, tienen a su disposición inmensos almacenes de refacciones donde se puede encontrar incontable número de órganos y sistemas, desde el más simple hasta el más complejo que conozcamos.
  7. Mientras los maestros están trabajando en la sala del hospital, dentro de la novena dimensión, o en el laboratorio de una nave cósmica, el sanador se desplaza hacia el lado donde se encuentra la cabeza del paciente, y le practica un finísimo corte a todo lo largo del cráneo, desde la frente hasta la nuca, utilizando su dedo índice, el cual se convierte en un instrumento parecido al bisturí, con la única diferencia que, de la yema del dedo del sanador se proyecta un rayo láser, y, de esta manera, se hace la incisión. Enseguida, con las manos se abren los hemisferios cerebrales del paciente como cuando se separa un coco de agua en dos después de cortarlo por la mitad; a la vista tenemos cuatro pequeñas esferas, que en realidad son cinco, pues una de ellas alberga en su interior a otra que es la más delicada, y se van extrayendo una a una con sumo cuidado, depositándolas en la otra mano... al ser éstas recibidas con la mano izquierda, utilizamos la derecha para tomar de nuestro corazón un poco de energía, la cual se aplica a las mismas por un tiempo no menor a los cinco segundos; inmediatamente después, sosteniendo las esferas en ambas manos, elevamos éstas a la altura de nuestra cabeza y frente a ella, para pedir, en silencio, interna y humildemente a los maestros asistentes por la completa limpieza y pulido de las esferas, ya que la suciedad en ellas representa la desarmonía espiritual y los estados emocionales negativos por los que atraviesa en esos momentos el paciente. Diez segundos después de hacer la petición por la limpieza de las esferas, se agradece de corazón y se bajan las manos hasta la altura de la cabeza del enfermo, procediendo a regresar una a una a su compartimiento las cuatro (cinco) esferas brillantes de limpias; luego se sella el delicado lugar con energía que sale tanto de las yemas de los dedos como de la palma de las manos.
  8. Enseguida, en el lado izquierdo de la frente de la persona, nos damos a la tarea de localizar un pequeño recoveco, hendidura o gruta donde se alojan varios gusanillos fosforescentes que se arremolinan entre sí; descubiertos éstos, procedemos a cubrir nuestras manos con guantes energéticos para retirar, sin que nos dañen, todas las orugas de ese lugar, colocándolas en otra hendidura que se encuentra al lado derecho de la frente, la cual funciona como una licuadora que muele y succiona a la vez a todos los gusanillos, enviando el producto de su trabajo, ya reciclado, a algunas partes del cerebro para ser utilizado por éste como fertilizante o abono. Los gusanitos luminosos que encontramos en aquel depósito, representan algunos traumas, fobias y complejos que fueron desarrollados por el individuo durante su presente existencia, sin descartar que muchas de las veces, son el acumulado que viene arrastrando desde vidas pasadas.
  9. Como permanece abierto el cráneo de par en par, con ayuda ahora de los dedos índice y pulgar de cada mano, procedemos a tomar, con mucha precaución, de sus extremos, la placa lógica principal; se jala ésta con sumo cuidado alrededor de veinte centímetros desde su lugar hacia nosotros. La citada placa, con circuitos lógicos se encuentra un poco más debajo de la parte media de la cabeza, entre la nuca y la frente. Al interior de la placa lógica encontramos circuitos, microchips y componentes electrónicos varios. Personalmente me da la impresión de estar frente a un aparato sin sus cubiertas o tapas, como un televisor, computadora, radio o juguete electrónico al cual se está reparando y se le tienen que localizar los componentes fundidos o averiados, cambiándolos por otros nuevos para su buen funcionamiento. En este paso en particular, cuando se es principiante dentro de la sanación, exijo estrictamente que se actúe sólo bajo la atinada guía de un maestro para que sea éste quien indique la referencia, código o número de los microchips que se instalarán, así como la correcta activación y potencialización de los mismos, además de que mencione el asesor cósmico la cantidad exacta, tanto de cortes, así como uniones de circuitos que se tengan que realizar. Repito, es importantísimo que todo aprendiz de sanador sea conducido exclusivamente por un calificado médico extraterrestre, quien habrá de residir en forma habitual en la quinta dimensión o adelante; nunca jamás deberá un buen sanador dejarse llevar por supuestos maestros, espíritus desencarnados o doctores de vidas pasadas que habitan en la cuarta dimensión, ya que encontramos mucha falacia en esa región. Con el paso del tiempo, y una vez llenados los requisitos necesarios de acuerdo a la experiencia acumulada, podrá tener acceso el sanador a los diagramas eléctricos del enfermo; huelga decir que con ayuda de los mismos, localizará en forma rápida y sencilla todas y cada una de las fallas dentro de la estructura genética o molecular del individuo, como paralelamente está llamando la biología al proyecto genoma humano de acuerdo a los más recientes descubrimientos científicos. Después de instalar, activar y potencializar adecuadamente los microchips necesarios, y, una vez realizado tanto el corte como la unión de los circuitos en la placa lógica principal, ésta se regresa a su ubicación original. Enseguida se juntan nuevamente los dos hemisferios cerebrales y se sueldan con el mismo rayo láser que brota del dedo índice con el que se trepanó, minutos antes, el cráneo del enfermo.
  10. En este paso, es de vital importancia también la intervención del maestro superior que está asesorando al bioenergista. Se le pregunta al guía sobre la ubicación exacta de los lazos que pudiera el paciente tener. El extraterrestre, por su parte, indicará amorosamente y en forma clara el lugar donde se localiza cada uno de los lazos a retirar, así como el código de acceso o número de los mismos. El sanador, bajo la tutela del ser cósmico dirigirá ambas manos a donde se le indicó y procederá a romper, cortar, destrabar o desamarrar el nudo del lazo en cuestión. Comúnmente le llamamos lazo a todo vínculo de energía negativa que se ha dado vida, consciente o inconscientemente desde o hacia terceras personas, produciendo éstos cierto tipo de asfixia, lastimando el cuerpo físico y hasta inmovilizando en un momento dado a quienes los llevan consigo. Por desgracia, hay miles de personas que por la enorme cantidad de lazos que alimentan, semejan más bien, moscas atrapadas en una intrincada telaraña. Los lazos son de diferente textura y grosor, a saber, algunos son cual finos hilos o cuerdas, en otras ocasiones se ven como gruesas sogas y no pocas veces se enfrenta uno a fuertes cables de acero, debido a la abundante energía invertida por la persona en dicho pensamiento o lazo. Quienes albergan aún profundos recuerdos de la antigua novia o novio, quienes se la viven suspirando por un viejo amor, quienes tengan todavía apegos muy fuertes del familiar que se ausentó o murió, quienes solicitan los servicios de un brujo para inducir males a los demás por medio de la hechicería, etc., cargan multitud de lazos que se anudan a todo lo largo y ancho de su cuerpo etérico. Sobra decir que, el hilo energético se proyecta desde éste hasta aquél otro individuo por el cual se tiene algún tipo de liga mental, mala entraña u obsesión, y sólo dejarían de estar conectados entre ambos hasta que se corte el lazo por uno de sus extremos. Muchos de los malestares que sufren las personas se debe a la gran cantidad de lazos energéticos que cargan en su ser; ni de broma se imaginan siquiera que son ellos quienes se lastiman y atan a sí mismos tanto como a otras personas por dar vida en cierto momento a aquel nefasto vínculo de energía. Una vez liberado el individuo de todo lazo que lo involucre negativamente con otros seres, se siente éste liviano, feliz, de muy buen humor y expresa espontáneamente un amor más elevado hacia los demás.
  11. Ahora se dirige el sanador a los pies del paciente, y desde ese extremo, procede a soplar por tres ocasiones, en forma pausada cada vez, para transmutar en definitiva, con la poderosa acción del aliento, cualquier residuo de energía negativa que a esas alturas del proceso de sanación pudiera aún existir tanto alrededor del enfermo, como en el medio ambiente circundante.
  12. Luego se sitúa el sanador por un costado del paciente, y, reuniendo energía cósmica con ambas manos, se aplica y distribuye ésta a cinco centímetros del cuerpo físico del mismo, haciendo por lo menos tres amplios giros de izquierda a derecha, cubriendo primeramente el área de los pies, acto seguido se recoge nuevamente energía y se aplica, con sus respectivos giros, en las rodillas incluyendo los muslos, palmas y muñecas de las manos, luego se cubre energéticamente el área de los órganos reproductores, una vez más se recoge aquella hermosa energía multicolor y se impregna con amor a la altura del ombligo, lo mismo hacemos con el corazón, seguimos con la garganta, luego su frente y, por último, se aplica energía a la tapa de los sesos, sin olvidar los suaves y pausados giros para reactivar los vórtices magnéticos que todo ser vivo tiene en las áreas que se mencionaron anteriormente.
  13. Normalmente se coincide con el tiempo que usamos para hacer lo que nos toca, y lo que estuvieron realizando los maestros por su cuenta en la sala cósmica (aproximadamente veinte minutos terrestres). Corroborando que éstos hayan finalizado con su bella tarea de sanación etérica, les agradecemos profundamente y procedemos a desconectar del enfermo ya curado, primeramente el casco que se le colocó en la cabeza, luego retiramos las conexiones realizadas a la altura de sus hombros, codos, muñecas, rodillas, tobillos y, por último, quitamos también las botas energéticas que le fueron colocadas anteriormente en sus pies... enseguida elevamos nuestras manos para recibir de regreso el cuerpo etérico de la persona, lentamente se reinstala éste, acoplándolo de forma armoniosa con su cuerpo físico por medio de hermosos pases magnéticos, utilizando ambas manos para tal efecto; se empieza por la cabeza y terminamos en los pies.
  14. Luego, colocado a un costado de la persona ya curada, el sanador creará mentalmente un tipo de manto o tul, parecido a las telas mosquitero, el cual irá desdoblando o abriendo con sus manos para enseguida cubrir totalmente el cuerpo que yace en la camilla, tal como se tiende la sábana en una cama. Quien pueda ver lo que sucede con esa tela de gasa, no evitará por lo menos sobrecogerse de emoción. Lo que pasa es que el manto energético desaparece al ser absorbido totalmente y en forma instantánea por el cuerpo en convalecencia de la persona. La función de esa sorprendente tela pudiera parecerse, aunque a un grado muy mínimo, a la que realiza la venda que coloca la enfermera después de suturar la herida expuesta de un accidentado.
  15. Casi para finalizar, se debe crear una cápsula protectora de energía a la que llamamos caparazón, y en ésta se encierra con infinito amor al paciente. La función de este maravilloso cinturón de seguridad es precisamente el de ofrecer protección a su dueño, pues toda energía negativa que pudiera ser dirigida en lo sucesivo hacia la persona, al ser detectada ésta por el escudo energético, se da un inmediato rebote, sin permitir que el nivel de armonía alcanzado con el proceso de sanación, y que queda plasmado en el campo vibracional del individuo, se rompa nuevamente y provoque daño a cualquier órgano o sistema de salud del mismo. La forma de aplicar dicho caparazón es como sigue: colocado el sanador a un costado del paciente, va creando mentalmente al mismo tiempo que, con ambas manos, a partir de la cintura, por arriba del cuerpo de la persona (palmas hacia abajo) se van plasmando las “paredes” de la cápsula, recorriendo cada una de las manos hacia la cabeza y pies respectivamente, se hace curva para abajo en éstos (pies y cabeza) para ir a cerrar en el extremo contrario (abajo), y por supuesto con las palmas de las manos hacia arriba hasta chocar los cantos de una mano y otra. Lo anterior quiere decir que, tanto la parte superior como inferior de la cápsula han sido creadas y vibran alrededor del cuerpo del paciente, sólo nos resta sellar herméticamente las dos mitades, poniendo una cinta de energía que rodee precisamente el caparazón en sus uniones.
  16. Dando gracias internamente a todos y cada uno de los participantes en el hermoso proceso de sanación cósmica, retira el sanador la música de los oídos del paciente y procede a despertarlo. Se coloca la yema del dedo pulgar sobre la frente de la persona al tiempo que se le indica: “Empieza a respirar profundo nuevamente... cuando cuente tres abrirás los ojos... te sentirás relajado, sin ningún dolor, feliz y con mucho amor en tu corazón... Uno, Dos, Tres”.
Es obvio que nuestro amigo o amiga, al regresar a la realidad nos contará todas las cosas extraordinarias que experimentó mientras tenía los ojos cerrados. Casi todos, desde un principio, sienten cierto calor, ven colores, y muchos también narran con lujo de detalles el lugar a donde fueron conducidos para su curación, así como la forma y número de seres que trabajaron en el quirófano atendiéndolo.

Lo que ha llamado poderosamente mi atención, es la manera tan sencilla y directa en que los seres cósmicos hacen comprender la causa o el por qué de algunos problemas graves que los pacientes estén padeciendo, o si tienen o no remedio a corto, mediano o largo plazo. A veces es tan fuerte la impresión que reciben las personas durante el proceso de sanación, que optan por callarlo por un tiempo hasta que lo asimilan bien y luego hablan al respecto.

En estos casos, lo que sucede es que desde el momento mismo en que son conectados a los aparatos cósmicos; ¿recuerdan cuando se les coloca un casco en su cabeza?, pues dicho artefacto tiene, entre muchas otras habilidades, la de proyectar la película, a manera de realidad virtual, en la que hace recordar a la persona todas las escenas de su vida presente o pasada, las cuales repercutieron o fueron causa de algunos de los desórdenes que el individuo no ha podido comprender ni aceptar hasta ahora.

En una ocasión tuve en mis manos el caso de una persona de sesenta años de edad, su problema consistía en que hacía cinco décadas había caído de un caballo y, al golpearse la cabeza perdió la vista en forma definitiva. Sus familiares, deseando que la criatura recuperara ese maravilloso sentido, hicieron hasta lo imposible por trasladarla aun fuera de su país de origen para ser atendida por los más eminentes especialistas de aquella época. En pocas palabras, nuestra invidente amiga, jamás había vuelto a ver los inigualables atardeceres en las templadas playas del mar mediterráneo. Tanto ella como su familia cuestionaban a Dios todos los días qué habían hecho, o en qué habían fallado para merecer semejante castigo; les parecía injusto lo que estaba pasando con aquel pobre ser tan indefenso y tan bueno para con los demás. Hasta llegaron a creer que Dios, si es que existía, había cometido un lamentable error al no devolver la vista a tan desventurada e inofensiva chiquilla.

Resulta que, los maestros cósmicos hicieron entender de una vez por todas en su proceso de sanación, a aquella persona que no podía encontrar la paz interna a causa de su mal, pues al colocarle el casco en su cabeza, le proyectaron las siguientes escenas: veía ésta a un temible guerrero que capitaneaba a un fiero batallón; luchaban éstos sin cuartel contra el enemigo, y a los pobres infelices que hacían prisioneros, él mismo, con sus propias manos, haciendo uso de una puntiaguda y filosa daga vaciaba los globos oculares para luego confeccionar con ellos, sendos collares que siempre cargaba suspendidos al cuello, demostrando así su valentía ante los demás. Por más que quisiera bloquear las escenas y negar la relación con aquél hombre del siglo diecinueve, la invidente jamás podría, pues seguía conservando ésta ciertos rasgos físicos y ademanes que fácilmente cualquiera afirmaría que se trataba de la misma persona. La paciente visualizó también la horrenda muerte que tuvo en aquella vida y la forma en que llegó hasta una oficina donde había ciertos maestros haciendo cumplir las leyes universales. Con ellos, después de analizar a detalle el papel de guerrero que acababa de protagonizar, y en el que había arrebatado muchas vidas, y cegado a decenas de indefensos prisioneros; consternado hasta lo más hondo de su ser, autoflagelándose gritaba pidiendo ayuda y clemencia: “¡Dios bendito, por favor, dame otra oportunidad, te lo ruego!” -decía-. Ninguno de los maestros, presentes en la sala hablaba; esperaban pacientes que él mismo tomara una resolución por el grave daño que a otros había infringido en la vida que acababa de pasar, y sentara las bases para la nueva existencia que habría de otorgársele a futuro.

En las escenas que velozmente seguían proyectándole a su pantalla mental, la desdichada excombatiente pudo presenciar el momento exacto en que él mismo tomó la siguiente determinación: “Pido que se me dé una nueva oportunidad de regresar a la Tierra; quiero nacer con todos mis sentidos físicos en correcto funcionamiento, pero -sus palabras, muy solemnes se escuchaban retumbando una a una en las paredes del sagrado recinto cósmico-, en la primera década de mi vida, es mi voluntad ¡perder la vista!, y quiero, además, resarcir el daño que causé a todos mis enemigos”. Así quedó asentado y rubricado lo dicho por el facineroso, atestiguado por su maestro de cabecera y los jueces de la ley ahí presentes. Por supuesto que los acuerdos a los que se llegó en aquel despacho legal se cumplieron al pie de la letra; lo que quizás nunca imaginó el instintivo y feroz guerrero, fue que en esta ocasión nació, es verdad, pero ocupando un lindo cuerpecito de niña. Era obvio que había olvidado la dulce damita, aquella nefasta y bestial vida pasada, pero la ley, es la ley, y la ley se cumple.

Como nació la pequeña en el seno de una familia adinerada, y tenían éstos muchos caballos a su servicio, un mal día, durante el acostumbrado paseo por la ribera del río, salió entre los matorrales una pavorosa serpiente; el caballo en el que la orgullosa chiquilla iba montado se encabritó lanzándola por los aires, yendo a pegar ésta con todo y su pequeña humanidad de nuca contra un peligroso peñasco que se encontraba junto al camino.

En aquel instante perdió la vista para no volver a recuperarla jamás, a pesar de los innumerables intentos que hizo su familia por sanarla. Los años corrían y la vida de la discapacitada mujer se amargaba cada vez más, hasta el grado de portarse grosera y cruel con todos los que la rodeaban. Con todo y lo difícil de su existencia por causa de su ceguera, pudo cursar estudios universitarios y, con el tiempo, abrió una escuela en la que enseñó, aunque a gritos y sombrerazos, a decenas de invidentes como ella a leer por medio de la escritura en relieve, así como a valerse un poco más por sí mismos.

También viajó a muchas ciudades, así como a otros países; la invitaban a dictar conferencias para que, con su ejemplo, de mujer emprendedora, los demás ciegos imitaran su vida y no cayeran éstos en la desolación ni se resignaran a ser un estorbo para la sociedad.

Lo que la sufrida mujer nunca supo, sino hasta el día de su muerte, fue que, a muchas de las personas a las que ayudó a tener una vida mejor, eran los mismos guerreros a los que en su vida pasada ella, o sea, él, había sacado los ojos con sus propias manos en forma sanguinaria y sin piedad.

Otro interesante relato es el que protagonizó una estudiante de los sistemas bioquantum en cierta ocasión cuando me pidió la acompañara a realizar un proceso de sanación a una señora amiga suya. Se trataba de una paciente de cuarenta años de edad, la cual decía sufrir desde hacía varios días unos fuertes mareos, además de agudos y punzantes dolores de cabeza. Es importante destacar que la estudiante, después de algunos procesos hechos a su persona, así como la asistencia a un curso de capacitación donde les mostré las técnicas de sanación extraterrestre, le valió para que ésta pudiera entrar en contacto con su maestro por la vía auditiva.

El proceso se llevó a cabo en lo general como se señala páginas atrás. Lo que produjo una sensación extraordinaria en la practicante, fue que su maestro le explicó que a la señora le habían cercenado la cabeza ciertas entidades negativas que le querían hacer daño y fueron a esconderla en un basurero donde había cientos, o quizás miles de órganos más pertenecientes a igual número de personas; degolladas unas, mutiladas otras, etc., así que, la prueba para la principiante en los sistemas de sanación cósmica consistía concretamente en ir, personalmente, a las infradimensiones a rescatar la cabeza de la enferma. Por fortuna, la valiente principiante sacó la casta y, sólo escuchando la guía de su maestro empezó aquélla a recorrer el oscuro lugar para buscar, cual pepenador, entre montañas de brazos, piernas, etc., removiendo todo aquello hasta que, a lo lejos, por allá escuchó la voz de la cabeza de la enferma que le gritaba: “¡Aquí, aquí estoy, amiga, aquí estoy!”. El problema principal al que se enfrentó la estudiante, fue que, aquella no era la única cabeza que a grito abierto le solicitaba auxilio, tuvo ésta que afinar su oído para poder dar con el paradero real de la cabeza de la señora lo más pronto posible, pues en medio de tanto barullo, terror y desesperación sin límites que despertaba aquel tétrico lugar, se corría el peligro de abortar la misión en cualquier momento... por fortuna pasó airosa la prueba. Entonces, al instante mismo en que se colocó nuevamente en su lugar la cabeza de la señora, etéricamente hablando, por supuesto, ésta recobró totalmente la salud perdida.

En este caso en particular, no habían sido las amibas la causa de los fuertes dolores y mareos de la paciente, ya que por medio de la alopatía se había intentado, no pocas veces, atajar los malestares y nada había funcionado tan bien como el proceso energético que se le realizó finalmente.

SINTESIS DE LA TERAPIA BIOQUANTUM
  1. OBTENER DATOS SOBRE LA ENFERMEDAD O DOLENCIA; HACER FICHA
  2. RECOSTAR O SENTAR AL PACIENTE CON LOS OJOS CERRADOS. 3 RESPIRACIONES PROFUNDAS, INHALAR, EXHALAR, NARIZ Y BOCA. * PONER AUDIFONOS CON MUSICA.
  3. CONEXION CON EL SER SUPERIOR. * SOLICITAR PRESENCIA SERES DE LUZ Y DARLES LA BIENVENIDA REALIZAR LA SESION EN NOMBRE DE LA TRINIDAD SAGRADA.
  4. PEDIR PERMISO AL SER SUPERIOR DEL PACIENTE PARA SANARLO.
  5. CORTAR LAZOS O ATADURAS QUE PUDIERA TENER EL PACIENTE. CON ESPADA, TIJERAS, RAYO,O SIMPLEMENTE ARRANCAR.
  6. PERCIBIR Y RETIRAR LA PRESENCIA DE SERES SUTILES, DESDE LA CABEZA HASTA LOS PIES. * CON AMOR SE ENVIAN A DONDE CORRESPONDE. * RESTAURAR FRACTURAS CON ENERGIA DE NUESTRA CABEZA.
  7. SOPLAR 3 VECES SOBRE LOS PIES DEL PACIENTE PARA TRANSMUTAR EN DEFINITIVA CUALQUIER RESIDUO DE ENERGIA NEGATIVA.
  8. ELEVAR LENTAMENTE EL CUERPO ETERICO. * COLOCAR CASCO. * ELECTRODOS CON CABLES EN HOMBROS, CODOS, MUñECAS, RODILLAS, TOBILLOS Y COLOCAR BOTAS Y CONECTAR MANGUERA DE LA NAVE EN OMBLIGO (opcional).
  9. SE TOMA LENTE TRIANGULAR Y SE ESCANEA
  10. CABEZA PACIENTE. * CORTE DEL CRANEO DESDE LA FRENTE HASTA LA NUCA. COLOCAR GUANTES ENERGETICOS. TOMAR GUSANILLOS Y PASARLAS A LA ENDIDURA DEL LADO DERECHO Y PULVERIZARLAS.
  11. EXTRAER 4 +1 ESFERAS CON SUMO CUIDADO, DEPOSITARLAS EN LA OTRA MANO, ELEVARLAS A LA ALTURA Y AL FRENTE DE NUESTRA CABEZA, PEDIR EN SILENCIO HUMILDEMENTE LA COMPLETA LIMPIEZA Y PULIDO DE ELLAS. SE REGRESAN
  12. SACAR LA PLACA LOGICA CON INDICE Y PULGAR DE CADA MANO COMO 12 CMS DESDE SU LUGAR Y HACIA ARRIBA. CAMBIAR COMPONENTES AVERIADOS, CONECTAR 6 CIRCUITOS E INSTALAR LOS MICROCHIPS Y PROGRAMAR,. REGRESAR LA PLACA SOLDAR CON LASER (dedo).
  13. SE ABRE EL CUERPO DESDE GARGANTA HASTA PIES.
  14. SE DA MANTENIMIENTO ENERGETICO Y ACUPUNTURA COSMICA O SE CAMBIAN LOS ORGANOS NECESARIOS. SE SOLDA EL CUERPO CON LASER.
  15. PARADO A UN COSTADO DEL PACIENTE TOMAR ENERGIA COSMICA CON AMBAS MANOS DE ARRIBA DE NUESTRA CABEZA Y A 5 CMS. DE CUERPO FISICO HACER 3 GIROS DE IZQ. A DER. SOBRE LOS PIES, TOMAR ENERGIA Y APLICARLA CON 3 GIROS SOBRE RODILLAS, MUSLOS, PALMAS Y MUñECAS, LUEGO LO MISMO EN ORGANO REPRODUCTOR, RECOGER ENERGIA Y APLICAR EN AMBLIGO, CORAZON, GARGANTA.FRENTE, Y TAPA SESOS CON SUAVES Y PAUSADOS GIROS PARA ACTIVAR LOS CHAKRAS.
  16. CORROBORAR QUE LOS MAESTROS COSMICOS HAYAN TERMINADO SU TAREA. (20 MIN. APROX). AGRADECER PROFUNDAMENTE Y DESCONECTAR AL PACIENTE EMPEZANDO POR LA CABEZA.
  17. ELEVAR MANOS Y RECIBIR EL CUERPO ETERICO .
  18. CUBRIR CUERPO TOTALMENTE CON MANTO ENERGETICO COSMICO.
  19. CREAR CAPSULAS PROTECTORA S (caparazón).
  20. RETIRAR LA MUSICA. COLOCAR DEDO PULGAR EN EL ENTRECEJO E INDICARLE : QUE DE GRACIAS LOS SERES DE LUZ Y AL CREADOR SUPREMO.
  21. RESPIRE PROFUNDO VARIAS VECES, A LA CUENTA DE 3 : SENTIRSE RELAJADO, FELIZ, SIN NINGUN DOLOR Y CON MUCHO AMOR EN TU CORAZON.
NOTA: LA CONEXIóN CON EL SER SUPERIOR SE ENSEñA EN LOS TALLERES DE LA FLOR DE LA VIDA Y DE BIOQUANTUM

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